¿Es mejor vivir en una plataforma de emociones estables que
nos hacen ser medianamente felices, o saltar y disfrutar de la adrenalina los
cinco minutos que dura la caída para luego asentarse en un nivel más bajo?
¿Merece la pena saltar?
Siento que hay veces que salto y no encuentro abajo ninguna
colchoneta que me ayude a subir. Pero soy tan feliz en esos cinco minutos que
me pregunto si algún día seré capaz de dejar de hacerlo.
¿Los medios justifican el fin?
¿Justificas mi fin?