Un día cualquiera te levantas y te das cuenta de que todo ha
cambiado así, sin más. Que lo que antes te importaba ya no, y realmente no
sabes lo que has hecho para que esto ocurra. Es solo un instante, un momento en
el que pasas del ‘sí’ al ‘no’, un momento de vacilación en el que de repente
las ideas se organizan por sí solas y no necesitas ponerlas en orden.
Te haces consciente del cambio, del por qué hoy es así y
mañana ya no. Y es que hay cosas que por mucho que trates de explicarlas no
puedes, porque carecen de explicación. Hay veces que cierras los ojos y lo que
antes estaba ya no, y no puedes saber qué ha ocurrido. Porque simplemente no ha
ocurrido, es así y ya.
Y es que finalmente el tiempo pone cada cosa en el sitio que
le corresponde, sin decirle nada a nadie, y sin pedirte permiso. Lo hace a su
manera, de la manera que cree correcto, y no se para a pensar en lo que se verá
afectado con el cambio. Simplemente actúa.
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